A modo de presentación

Hola a todos, seáis quienes seáis quienes, por las razones que sean - puro azar o locura voluntaria - habéis caído por estos virtuales lares, por este "aquí estoy" donde, en la medida que mi innata pereza me lo permite,voy publicando mis habituales columnas periodísticas en los diarios del grupo El Día, tal cual noticia que pienso que os puede interesar y, en fin, para qué engañaros, lo que en cada momento se me ocurre. Ya me diréis...


lunes 8 de febrero de 2010

Las Tablas: tras el milagro exprés


Al final, miren por dónde, milagro. Los mismísimos cielos abrieron a tope la alcachofa para dejar caer el mayor volumen de agua contabilizado en ni se sabe cuantos años – desde luego más de los cerca de setenta transcurridos desde que, en el 41 del pasado siglo, empezaran a medirse las precipitaciones en la zona – dejando casi en fuera de juego por prácticamente innecesario el desde luego loable, corre, corre que no llegamos del trasvase desde el Tajo por la tubería que el ministerio de Medio Ambiente construyó, aplauso de corazón, en tiempo de récord. Llegaron, y cómo, las lluvias devolviéndole al Cigüela (o Gigüela, no discutamos) su ser de río y con él su capacidad para mutar lo que era ya pura yesca prendida en las entrañas de Las Tablas en esponja empapada en esperanza, salvando así a uno de los ecosistemas más valiosos del planeta de lo que ya andaba camino del coma irreversible. Hubo, hubo milagro (cual el que, quizá algo menor, tras otra tremenda desecación masiva, supusieron las del 96 y el 97) pero no parece de recibo andar siempre fiando de lo alto soluciones que cualquier día pueden no llegar: agradezcamos el regalo, momentánea solución al problema, pero aprendamos, si somos capaces, de lo ocurrido y pongámonos a la tarea de evitar sus causas aplicándonos a hacer lo que en su día debimos y no hicimos, que aún está ahí, amenazante, presente y actuante, la causa real del casi desastre: la triste situación de un acuífero si otrora caudaloso hoy en caída libre tras ser convertido en acerico por la perforación de pozos y pozos ilegales – perdón, por Dios, alegales – al servicio de sistemas de riego y de cultivos más que discutibles. ¿Seremos capaces?
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 2 de febrero de 2010. Foto Turismo de Castilla La Mancha

Dime guau, que yo me entere


Que sí, que ha salido en los papeles: que, puestos a inventar, quienes en ello andan se han sacado del magín un aparatillo que, así como el que lava, es capaz de interpretar las emociones caninas y en un pis pas traducirlas al mismísimo verbal lenguaje humano. El artilugio – que a lo que se dice ya anda causando furor en determinadas tiendas on line – consiste en un módulo capaz de interpretar las emociones del animal a partir de la duración, entonación e intensidad de sus ladridos y gruñidos que, captados por un sensor especial que se le coloca al cuello, son transmitidos al receptor inalámbrico del amo y, descodificados, pueden llegar a convertirse en nada más y nada menos que unas doscientas frases diferentes, bastantes más, pienso yo, por cierto, de las que cualquier pareja humana suele cruzarse en su digo-dices normal de cada día. Eso sí, de momento el invento sólo parla en japonés pero seguro que en dos patadas lo hará en inglés, que ya anda llegando a los USA y de ahí a que lo tengamos en español digo yo que tampoco tardará tanto. En cuanto, pero que en cuanto lo he sabido, me he ido corriendo a la entrada del piso y me he quedado mirando, emocionado, a mi perra que, ajena a tan gran evento, se estaba echando la siesta. Mi atropellada llegada la ha sacado de su sopor y dándose de inmediato cuenta de que algo raro me pasaba, se ha desperezado, me ha guiñado un ojo y, resignada, se ha puesto en pie dispuesta, aunque maldita la gana que se veía que tenía, a sacarme de paseo a ver si me tranquilizaba.
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 26 de enero de 2010. Foto JAG

lunes 25 de enero de 2010

Oasis


Canta su alegría el sol, tras tantas sucesivas jornadas de grisura y lluvia, desde la ventana junto a la que el columnista, virgen aún la pantalla de su ordenador, anda planteándose cuál podría ser el tema de su semanal entrega. Canta su alegría próxima y doméstica, de buen vecino, con tanta cordialidad y desenfado que, por un instante, casi parecen irreales tragedias como la que, al otro lado del océano, sigue desgarrando Haití – la imprevisible furia de la Naturaleza potenciada por la irracionalidad de tan continuados históricos desatinos – a zarpazos de impotencia y furia, o la que, más puntual pero no menos lacerante, acaba de marcar, en nuevo ejemplo de la vesánica sinrazón nuestra de cada día, con sangre y muerte las calles de Kabul. Canta sí, pese a todo, el sol, su alegría, reconfortante y cálida, quizá animando a que las aún no escritas, ni siquiera pensadas líneas den de lado tan ciertos pero dolorosos hechos para buscar un siquiera momentáneo oasis de si no felicidad, al menos sosiego y calma. Un oasis al que acogerse para, ¿por qué no?, recuperar en su recuerdo esas pequeñas cosas de cada día que, somos así, tantas veces se nos escapan: aquel gesto de cariño al que ayer no prestamos la más mínima atención; la dulzura de aquella canción que, desde la radio de la mesilla, fue peinando anoche con sus notas la larga cabellera de nuestro primer sueño; el… Un oasis. Un oasis, sí, como el que, al menos por hoy, quisiera brindar este escribiente, en este su rincón de la página, a sus posibles lectores.
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día, martes 19 de enero de 2010 Foto tomada de Internet

La que está cayendo


Anda que… ¿A ustedes no les escama que así, de pronto, al invierno le haya dado por ser lo que antaño fuera y nos ande congelando a golpe de nevazos y bajos cero que es que esto parece el Ártico, pero el de antes, el de cuando el Polo era el Polo y no el de ahora que se le derriten los icebergs cuando menos se lo espera? A mí me huele a chamusquina. Pues anda que no llevábamos tiempo sin más copos que los justitos para que no los confundiéramos con el algodón de los escaparates navideños o la harina de los belenes y, ¡zas!, de golpe y porrazo, nos caen temporal tras temporal, que nos tenemos que poner todos a andar pisando huevos, no demos un resbalón y acabemos partiéndonos los morros, que hasta al husky siberiano de mi vecino se le fue la pata anteayer. ¿De verdad les parece normal? Pues a mí no, de modo que no he dejado de darle vueltas al asunto y anoche mismo se me ocurrió: ¿no le habrán colado de matute en la maleta al pobre del López de Uralde los daneses esos, y así como el que no quiere la cosa – que ya ven cómo se pusieron por un aquí me cuelo en la fiesta, chicos –una buena ola de frío en represalia por habernos cabreado tanto porque le tuvieran allí en la cárcel veintiún días de nada? ¿Paranoico dice usted? Pues no sé que decirle: ¿no les metieron el otro día los eslovacos, así como para jugar al escondite, a nueve de sus viajeros unos cuantos explosivillos en sus valijas – venga, a ver si los descubrimos – y uno se les fue con él de gira hasta la mismísima Irlanda…?
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 12 de enero de 2010. Foto JAG

martes 5 de enero de 2010

Noche de Reyes



Con el último bocado de tortilla casi todavía en la boca, se levantó, llevó el plato al fregadero, tomó del microondas el ya caliente descafeinado de cada noche y, apagando tras sí la luz de la cocina, entró en el salón y se arrellanó en el sofá ante el televisor. El zapeo por las distintas cadenas le llevó a constatar, cual tantas otras veces, su nulo interés por sus ofertas, de modo que optó por mantener en pantalla la última pulsada – qué más daba - a la espera de lo que pudiera depararle cuando cesase la prolija serie de imágenes de las festivas cabalgatas protagonizadas por todo el país por Sus Majestades de Oriente. La visión de los tres Magos saludando desde sus cabalgaduras o sus carrozas le retrotrajo sin embargo a la enfervorizada tensión de espera experimentada de niño en noches semejantes, en inevitable contraste con su actual certeza de la ausencia de cualquier presente a él destinado por más de Reyes que fuera a ser el día siguiente. Y pese a su ya más que asumida condición de adulto solitario, ello le vino a provocar una vaga sensación de melancolía que quizá fue lo que le decidió a apagar el televisor y emprender bastante antes de lo habitual el camino del lecho. Lo que jamás pensó es que, al abandonarlo a la mañana siguiente, iba a encontrarse, asomando bajo la puerta de la calle, aquellas breves líneas de la joven vecina del tercero, tantas veces en sus ensoñaciones objeto imposible de deseo, invitándole – “ya que no parece que tú vayas a decidirte nunca a hacerlo” – a salir con ella por la tarde.

Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 5 de enero de 2010. Ilustración tomada de Internet

Contra la realidad



Con el sabroso regusto de la alianza entre el pan con aceite y el té remoloneando aún en sus papilas, se apresta el columnista, tras el voluntario limbo de alejamiento y olvido de las fechas precedentes – nada de periódicos, oiga, ni de televisión, amigo – a regresar a su costumbre del matinal repaso de la prensa. Y de inmediato, no por previsible y esperable menos doloroso el hecho, la sinrazón de la especie viene ya, a golpe de titular, a dinamitar el egoísta oasis – ésta, aquella exposición; aquel espectáculo teatral; el impagable encuentro con los viejos amigos – en las anteriores jornadas disfrutado. Porque da igual que se trate, cual es el caso, de un nuevo testimonio de la implacable represión ejercida por el régimen iraní sobre buena parte de sus ciudadanos, que, cual también hubiese podido ser, del aún mantenido calvario de los cooperantes españoles secuestrados por tierras de Mali o, cual fechas atrás, la incomprensible ineficacia de los Estados para hacer frente a la amenaza del cambio climático, ejemplos todos de la cerrazón que tan inseparable parece del actuar humano. Es por ello que decide dar de lado la lectura y, posponiendo el retorno a la realidad, acogerse a la invitación que vislumbra en la mirada de su vieja y fiel perra, y salir, aunque sea paraguas en mano, a dar el primer paseo del día por el cercano parque.
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 29 de diciembre de 2009. Foto, JAG

¿Y después de Aminetu?



Mal que bien, bien que mal, Aminetu Haidar volvió a casa. ¿Y ahora? ¿Aquí paz y después gloria y nos olvidamos de todo? Dejando aparte la opinión que cada cual tengamos del desarrollo del proceso y del más o menos lucido papel desempeñado por las partes, el hecho es que el problema de fondo, es decir, la situación del pueblo saharahui, ahí sigue, sin variar un ápice; tan enquistada y sin resolver como ha venido estando durante tanto tiempo. Y mucho es de temer – la experiencia avala el pesimismo - que a no mucho tardar, en cuanto el retorno de los periodistas que aún andan por nuestro antiguo territorio colonial deje de llevar a los informativos las – seamos deliberadamente exquisitos - trabas marroquíes a la libertad de expresión de sus originarios habitantes por más pacífica que sea su manifestación, se nos vuelva a borrar de la memoria, cual tantas otras cotidianas injusticias, por más que, como corresponsables del desaguisado inicial, tengamos más de mil motivos para tenerlo presente. Y mira que le gustaría al columnista creer que la sociedad española podría ser capaz de que el apoyo que en general ha mostrado hacia Aminetu Haidar lo mantuviera para todos los defensores de los derechos humanos, aunque ello, mire usted, nos pudiera costar – caso de que fuera cierto que ése fuera el precio – vender unos cuantos tomates menos que, por otro lado, no sé, uno no es experto en el tema, ¿no serán en buena parte de los que nos cultivan en nuestros sureños invernaderos los inmigrantes magrebíes?
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 22 de diciembre de 2009. Foto tomada de Internet