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Mostrando entradas de diciembre, 2009

Nieve, clima y contradicciones

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A bombo y platillo, es decir, a frío y nieve, y con siete fechas de adelanto, decidió este año lanzarnos su ahí llego, ahí voy llegando, el invierno, justo cuando el mes a punto estaba de cruzar el umbral de entrada a su segunda quincena, en el horizonte ya las navideñas fiestas. A frío y nieve, y vaya que sí, con toda la contradictoria mezcla de fascinación y riesgo, incomodidades y belleza – la mala pata del resbalón y el corte de carretera cabe las infantiles o no tan infantiles pelas a bolazos o el clic de la cámara fotográfica a la caza de la imagen más pintoresca - que comporta siempre la blanca precipitación cuando se muestra tan pródiga y copiosa cual ayer se mostrara. Tan contradictoria, por cierto, como nos sospechábamos que iba a resultar y a lo que parece, por desgracia, va a ser la cumbre del clima que ya se desarrolla en un Copenhague donde también nevó ayer, con los países ricos y los pobres (y los que en mayor o menor grado se lo hacen) a la greña – protocolo de Kioto…

Ese otro

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La verdad es que se había levantado medio dormido y seguía sin acabar de despertarse del todo pese a una ducha cuyo vapor empañó tanto el espejo del baño que, al no haberlo, perezoso, enjugado, le llevó a afeitarse prácticamente al tacto, dejándole la extraña sensación de haberlo hecho en barba ajena. No era raro por tanto ni que la leche la hubiera retirado del fuego tan tibia para su gusto ni que, por contra, la tostada se le hubiera medio quemado, ni que hubiera tenido que reacomodar debidamente el talón del retorcido calcetín al de su pie, ni que, por dos veces, hubiera vuelto al dormitorio a por su portafolio antes de recordar que ya en su primer desplazamiento por el pasillo lo había dejado sobre la consola. Mal sorbió el café y mordisqueó apenas la parte menos dañada del pan con el sonsonete de fondo de un informativo radiofónico a cuyo contenido, al revés que de costumbre, no prestó la más mínima atención. Sumido aún en una vaga sensación de semi-sonambulismo, se puso la cha…

Me rindo

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Siempre he mantenido – y ahí sigo – que el tópico de que una imagen vale más que mil palabras no es sino una falacia de tomo y lomo si de lo que hablamos es de transmitir las cosas cual son o, al menos, seamos prudentes, nos parece que son. Y si no lo creen, lleven a cabo un pequeño experimento: échenle el ojo a cualquier instantánea periodística – de la pura realidad real, ¿no? –, cámbienle el pie de foto por otro que diga lo contrario y… y ya me dirán. Bien; pues pese a cuanto acabo de afirmar, no tengo más remedio que reconocer que cuando la imagen nace de la inteligencia de gentes como Andrés Rábago – hoy El Roto, ayer, Ops, - la cosa cambia y se me vienen abajo todos los palos de ese mi tan rotundamente asertivo sombrajo. Porque ante dibujos – ya lo ven, cuatro trazos de nada – que, con el apoyo de no más de un par de palabras o incluso huérfanos totales de vocablo alguno, nos resultan al tiempo que irrebatibles y certeros, tan plenos de información y sugerencias como el más sesu…