Fahrenheit 451, todavía



A estas alturas el columnista no recuerda ya si, para él, fue primero la película de Truffaut o el texto de Bradbury, pero lo que sí tiene meridianamente claro es que la novela del norteamericano fue uno de esos hitos que dejan marca cuando se tiene la suerte de darse de cara con ellos en la voraz etapa de las primeras lecturas. Y sin duda por ello la historia de la transformación de su protagonista de agente incinerador de volúmenes en hombre-libro garante de la pervivencia de sus contenidos – y su decidido alegato en pro de la libertad de pensamiento - ha vuelto siempre a su memoria (junto, también, a la orwelliana “1984”) cada vez que ésta o aquella noticia, éste o aquel nuevo sucedido, le recordaban la, pese a todo, permanencia de un macarthismo quizá distinto en formas, medios y quizá propulsores del existente cuando el novelista dio su obra a la imprenta, pero aún vivo, vaya que sí, y actuante, aquí o allá, en la propia realidad de cada día. Y por ello le parece lógico que, además de las continuadas reediciones de la novela o de su presencia como trasfondo o referencia en otras obras – del documental de Michael Moore a la pieza teatral “Fahrenheit 56 K” de Fernando de Querol – Tim Hamilton lanzara no hace nada en los USA una versión en cómic que a finales de mes tendremos ya, traducida, por aquí, o que Frank Darabout diga que sigue adelante con su intención de rodar una nueva versión para la pantalla. Por eso, porque su mensaje sigue, y mira que es desgracia, vigente. ¿O no?
Publicado en Columna Cinco del Grupo El Día el martes 13 de abril de 2010. Foto tomada de Internet

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