Libertad de expresión


Nueve son los periodistas que, en lo que va de año, han muerto víctimas de la violencia; ciento sesenta y cinco han sido a su vez encarcelados y al menos otras ciento veinte personas, no necesariamente ya profesionales, habrían sido detenidas por informar a través de Internet, el espacio en donde, según la presidenta de Reporteros sin Fronteras en España, se librará cada vez más la batalla por la libertad de expresión; esa libertad de expresión, derecho fundamental recogido en la Declaración Universal de 1948 y en tantas constituciones democráticas, pero que, sin embargo, tanto dista de ser moneda corriente de nuestro día a día incluso entre quienes nos llenamos la boca hablando de ella y de democracia. Una libertad de expresión si en determinados lugares y situaciones directa, brutal y sin tapujos cercenada por gobiernos, mafias, organizaciones terroristas o estamentos de poder que en ella tienen su bestia negra, en tantos otros y otras también sofocada, de forma quizá más sutil y sibilina, pero no por ello menos efectiva. Una libertad de expresión a favor de la cual se nos puede inflamar, retórico, el discurso pero que, a la hora de la verdad, tanto olvidamos todos - gobiernos y ciudadanos, ciudadanos y gobiernos – defender, haciendo la vista gorda o, simplemente, mirando hacia otro lado, en cuanto su defensa puede dañar lo más mínimo nuestros directos y egoístas intereses. Una libertad de expresión por la que, sin embargo, tantos dieron y dan su vida o su propia personal libertad. Para ellos, hoy, el mínimo pero sentido homenaje de esta columna.
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 4 de mayo de 2010. Foto tomada de Internet.

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