Lugar de la palabra


Desde ayer lunes y hasta el próximo jueves la localidad conquense de Priego vuelve a convertirse - como cada año desde hace diez, mediado julio – en “lugar de la palabra”. Benéfica culpable, la nueva edición de esos cursos de verano en torno a la poesía que en ella propulsara el escritor Diego Jesús Jiménez a quien de manera tan descarada el columnista acaba de robar la entrecomillada expresión; unos cursos que desde entonces han venido haciendo que, cada estío, la palabra, la palabra poética, plante jubilosa tienda cabe el límpido discurrir del serrano Escabas. Lo hizo cada vez que su citador se lo requirió y vuelve, ha vuelto a hacerlo, en esta primera convocatoria tras su fallecimiento, dispuesta a seguir con la tarea que él le encomendara. Por eso ha acudido de nuevo, fiel a su compromiso, para convertir, una vez más, a la villa en punto de encuentro de creadores y estudiosos, esta vez convocados en torno – merecido homenaje, desde luego, pero ante todo estricta justicia – a la propia obra de su iniciador. A la propia obra de quien pese a ser consciente de que “sólo la sensación / puede nombrar las cosas”, un día se empeñara en la bendita paradoja de buscar a través del poema “un lenguaje preciso que destruya, / con el fermento de sus signos, las leyes / que edifica la muerte”; porque aunque supiera - vaya si sabía - que “cualquier exactitud / es cadáver del sueño”, tampoco dudó en entregarse a la “ambición hermosa” de “someter las palabras” convencido – cual de Juan de Valdés escribiera – “que las palabras pueden penetrar la materia / y, con su luz más diáfana, establecer un orden en su universo helado”. Priego, sí; y Diego Jesús Jiménez: un año más.
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 13 de julio de 2010. Foto de Diego Jesús Jiménez tomada de internet

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