Nobel, Nobeles



Claro, claro que al columnista le alegró, vaya que sí, la concesión del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, don Mario, seguidor cual es del peruano desde que le deslumbrara con “Los cachorros” y aún a costa de haberse tenido que tragar de cuando en cuando algún peñazo, que hasta el mejor escribiente echa un borrón. Pero, a fuer de ser sincero, el Nobel que de verdad le ha llenado más de gozo es el de la Paz a Liu Xioboo por su lucha en pro de los derechos humanos en su país, en China, algo que incluso le ha venido a reanimar un algo la tan de costumbre mortecina llama de su, pese a todo, mal que bien mantenida fe, a la larga, en el ser humano; y ello a pesar de que bien consciente es de que el hecho valdrá bien poco, una vez apagado el chisporroteo mediático, si no genera, cual bien ha señalado Amnistía Internacional, una mayor y continuada presión para que esos derechos y libertades por los que tanto ha peleado alcancen en su país un desarrollo paralelo al económico conseguido en los últimos años, deseo sin duda un tanto utópico en tiempos cual los que corren en que nuestras tan cacareadamente democráticas declaraciones mal se corresponden con las políticas de paños calientes con que, en nuestro tan prudente intentar nadar y guardar la ropa, nos andamos en nuestras relaciones con la segunda economía mundial. Y por eso al columnista, a este columnista, le ha enorgullecido tanto que su país haya sido uno de los que han alzado la voz pidiendo la liberación de Liu Xiaboo en gesto público que – déjenle ser, una vez más ingenuo – ojalá se siga, aunque nos cueste alguna que otra habichuela, de la permanente demanda de que se lleven a cabo las reformas por él y por tantos otros, no los olvidemos, reclamadas.
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día el martes 12 de octubre de 2010. Foto tomada de internet

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