¿No podemos?


Entiende el columnista, mal que le pese, que no haya forma de que la acción internacional acabe con la dura realidad del fanatismo talibán en Afganistán ni de que las cosas acaben de marchar en Irak. Hasta casi se resigna (no hagan caso, es puro recurso retórico) a que cuando andan en liza intereses estratégicos o económicos las que nos nombramos democráticas naciones nos envainemos nuestros teóricos éticos principios y hagamos la vista gorda a si aquí, allá o acullá se ejercen o no esos derechos humanos por los que tanto cacareamos, pero, ¿pero de verdad que no hemos podido ni vamos a poder – quien sea, la ONU, Occidente o el sursum corda – echarles más que cuatro parches de chicha y nabo a los haitianos? ¿De verdad que a estas alturas del mismísimo siglo XXI ni hemos podido hacer frente a la caótica situación de Haití (por mucho menos coste además, seguro, que cualquiera de las bélicas empresas en las que el universo mundo se ha metido en los últimos tiempos) ni vamos a poder mandar a quien haya que mandar - y benditas las ongs que ya andan allí haciendo lo que pueden - para combatir a la epidemia de cólera que, por si fuera poco, se abate ahora sobre su población? ¡Venga, hombre! Que no pongan, que no pongamos, excusas. Si no se hace lo que de todas todas sería necesario es porque en el fondo nos importa un bledo lo que allí ocurra; porque lo que allí les pase a mujeres, hombres o niños tan de hueso y sangre cual nosotros no nos afecta lo más mínimo. ¿De verdad nos merecemos seguir viviendo?
Publicada en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 23 de noviembre de 2010. Foto tomada de internet

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