Un hallazgo


Son cosas que, por suerte, pasan. El columnista va al Museo del Prado a rendir una vez más personal homenaje a van der Weyden, Fra Angelico, Durero, Rubens o Goya y hete aquí que al final de la visita sale del venerable edificio con todo un hallazgo en el bolsillo. Sale, cual fue el caso, con un libro de Eva Lootz que es toda una gozada; un volumen de pequeño formato y no precisamente recién editado, que lo fue en 2007, pero sí recién descubierto (el recorrido por la tienda-librería de la pinacoteca es también vieja, reiterada costumbre que de tanto en tanto da estos frutos) del que si primero le atrajo su seductor título – “Lo visible es un metal inestable” - el posterior aleatorio hojeo-ojeo a pie de anaquel terminó de encandilarle. Una pequeña joya publicada por Árdora dentro de esa su colección Express en la que ya con anterioridad halló alguna otra, y en cuyas páginas la artista austro-hispana, profesora que fuera de la Facultad conquense de Bellas Artes, siempre tan atraída en su obra plástica por rastrear la imbricación entre materia y lenguaje, usa esta vez la palabra para, indagar entre otras, otras muchas cosas, en el nombrar y en el mostrar, en el dónde acaban o empiezan los ángulos ciegos de la visión y de la representación o en el cómo emerge de pronto lo que antes pasaba sin ser visto. Y el columnista, sin haber acabado aún de leer el libro, piensa ya en conseguir, esa su otra publicación – “La noche en que vi un azul que era rojo” - un año después aparecida en la oferta de la Universidad de León. Por si sigue la racha.
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 8 de febrero de 2011.



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