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Literatura y TV

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Dado que este columnista no está apuntado a Canal Plus no habrá podido comprobar anoche – a menos que finalmente recurra, que lo está pensando, a pedirle al vecino que le deje compartir sofá y pantalla tal y como fuera socializadora costumbre en este país en aquellos primeros años, parece que hubieran pasado siglos, del comienzo por nuestros lares de las emisiones televisivas – en qué medida la puesta en imágenes de “Crematorio”, la en verdad que espléndida novela que Rafael Chirles nos regalara hace cuatro años, ha conseguido o no traspasar el espíritu testimonial y profundamente ético de una obra tan literariamente apoyada en el puro lenguaje a un decir tan diferente cual es el visual, pero confía en que la fuerza interna no ya de la historia, sino de sus personajes, en especial ese Rubén Bertoméu, tan profunda y próximamente contradictorio, al que ha prestado carne y voz José Sancho, transparenten cuanto de complejos tienen por y sobre encima de la circunstancia de que el panorama...

Velada poética en Roma

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El jueves 24 del pasado febrero tuve la suerte de participar en el recital que, bajo el título de “Poetas en torno a Antonio Gamoneda, Homenaje a lo visionario”, se celebró en la Real Academia de España en Roma, ese enclave hispano en pleno Gianicolo – toda la ciudad a los pies – junto al templete de Bramante en la piazza de San Pietro in Montorio. Lo mejor, el compartir palabra y jornada con gentes como Cecilia Quílez, Guadalupe Grande, Víctor Gómez, Miguel Ángel Curiel, Rafael Saravia – espléndido introductor -, Juan Carlos Mestre o el propio Gamoneda. Así nos tenéis a todos un momento antes de iniciarse el acto junto con el director de la institución, Enrique Panés.
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A pesar de la en verdad que enorme concurrencia de visitantes - casi ni se puede circular por el recinto - y de las vaya si molestas grabaciones pluri-idiomáticas que, junto con los estentóreos llamamientos a pleno pulmón de los vigilantes, recuerdan a cada poco la por otro lado bien poco obedecida prohibición de sacar fotografías y exigen un nunca conseguido silencio, anda que no disfruta el columnista de su reencuentro con la gloriosa realidad de los frescos a los que Miguel Ángel diera vida en la bóveda y en el muro frontal de la Capilla Sixtina y de cuya belleza - dando gracias a la fortuna por haberle permitido asentar sus posaderas en el banco a una de sus paredes adosado – no tarda, olvidándose de todo lo demás, en embeberse, impagable presente de una Roma que a pesar de haberle recibido con la ululante bofetada de un viento tan helado que desdice en las carnes la a priori bastante más bonancible promesa del termómetro (será eso que tanto se dice de la sensación térmica) y de...

Hoy creo

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Aún, aún le salta de gozo al columnista el corazón en el pecho tras las recientes expulsiones propinadas por sus pueblos a los dictadores de Túnez y de Egipto - plaza Tahir de todas las esperanzas, que no se malogren tus anhelos – igual que, los hechos se lo han venido a recordar, lo hiciera, con fraternal pero rabiosa envidia, aquel abril del 74 del pasado siglo en que a los fusiles del ejército portugués les brotaron, Grândola, vila morena, claveles de futuro, dándoles a sus conciudadanos lo que a nosotros sólo nos daría, aunque no fuera tanto después, el paso del tiempo - menos mal que, ya que no habíamos sido capaces de la mayor, supimos aprovechar con cierta inteligencia la menor – o le brincaría, quince años después, la noche en que el Muro dejó de serlo iniciando el derrumbe del castillo de naipes de todo el telón de acero y paliando así las en su día sentidas amarguras del aplastamiento soviético de la revolución húngara del 56 o del fin de los seis meses del sueño de la “prim...

Un hallazgo

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Son cosas que, por suerte, pasan. El columnista va al Museo del Prado a rendir una vez más personal homenaje a van der Weyden, Fra Angelico, Durero, Rubens o Goya y hete aquí que al final de la visita sale del venerable edificio con todo un hallazgo en el bolsillo. Sale, cual fue el caso, con un libro de Eva Lootz que es toda una gozada; un volumen de pequeño formato y no precisamente recién editado, que lo fue en 2007, pero sí recién descubierto (el recorrido por la tienda-librería de la pinacoteca es también vieja, reiterada costumbre que de tanto en tanto da estos frutos) del que si primero le atrajo su seductor título – “Lo visible es un metal inestable” - el posterior aleatorio hojeo-ojeo a pie de anaquel terminó de encandilarle. Una pequeña joya publicada por Árdora dentro de esa su colección Express en la que ya con anterioridad halló alguna otra, y en cuyas páginas la artista austro-hispana, profesora que fuera de la Facultad conquense de Bellas Artes, siempre tan atraída en s...

Cumplen

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Sí, vaya si cumplen, se dice el columnista pensando en cómo, una vez más, los trabajadores, aunque haya sido a regañadientes, porque no les quedaba otra, han vuelto a ceder en sus legítimas aspiraciones para que se logre ese acuerdo social que el mismísimo presidente del gobierno ha calificado como la reforma más importante desde los Pactos de la Moncloa. Un acuerdo que sacará o no nuestra economía - el Mercado nos valga - de esta crisis que ellos nunca crearon, pero que les pone más cuesta arriba, entre otras cosas, la consecución de sus bien merecidas pensiones. Ojalá, continúa cavilando, las otras partes firmantes, cumplan también – y tan bien - como ellos. Ojalá, por ejemplo, la administración pueda obligar a determinados sectores a que su tú a tú con el fisco tenga la misma claridad que la de quienes lo mantienen a golpe de nómina. Ojalá esa administración y una clase empresarial con miras menos ramplonas que las que, en buena parte, ha venido teniendo, consigan, yendo de la man...

Ojalá

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Parecía impensable pero ahí está: en Túnez, ese Túnez que para tantos de nosotros, españolitos de a pie, no pasaba de ser un reclamo más en los escaparates de las agencias de viaje - las playas de Hammamet del brazo del esplendor de los mosaicos romanos – todo lo más mezclado con la borrosa imagen, Aníbal, ¿no?, de aquellas guerras púnicas que estudiábamos en el colegio, sin que se nos diera un ardite el saber ni quiénes ni cuan deshonestamente regían sus destinos (y de haberlo sabido tampoco, seamos sinceros, nos hubiera quitado demasiado el sueño), corren vientos de esperanza democrática que ojalá se confirmen. Sí, ojalá. Ojalá lo hagan pese no ya a las chinas sino a los verdaderos peñascos que tantos países de su entorno y parecidas características no van a tardar en ponerles a sus ciudadanos en el camino y pese a lo poco o nada que, mucho se teme este columnista, vaya a ayudarles en el empeño esta nuestra tan hipócrita sociedad occidental tan dispuesta siempre a cerrar los ojos - ...