Un debate amplio y profundo

 


De modo similar a cómo la más o menos ideológicamente interesada polémica suscitada por las declaraciones del ministro Garzón ha tenido el –déjenme que utilice la ya tan generalizadamente asumida expresión– beneficio colateral de llevar a los titulares y a las cabeceras de los medios informativos nacionales, y por tanto poner el asunto sobre el tapete de la discusión a nivel estatal, el evidentemente más que importante debate sobre las macrogranjas –perdón, por favor, cómo se me ocurre, pongámonos estrictos, las grandes instalaciones de ganadería intensiva–,  que corría el peligro de no salir de áreas mucho más reducidas aunque por la parte que nos toca evidentemente más que cercanas, de modo parecido –retomo el hilo– la propuesta por parte del ministerio de Transportes, Movilidad y Agencia Urbana del denominado Proyecto X Cuenca ha tenido –tiene, qué caramba– la virtud de haber traído al aquí y ahora de nuestra capital, de nuestra provincia y, en alguna medida también, de nuestra Comunidad Autónoma, la desde luego hoy por hoy  deplorable realidad de la línea férrea convencional que atraviesa más que en la práctica comunica estos nuestros lares. Es un asunto que, como digo, y quizá precisamente por el que, desde luego, es el punto más radical de esa propuesta –la desaparición definitiva del servicio que hasta ahora esa línea, aunque mal, presta o debería prestar– está estos días en boca y discusión de buena parte de una sociedad como la que por estos pagos nos llevamos tan demasiadas veces tan suicidamente dada al dejar pasar  –¡ea!– tantas cosas que deberían preocuparnos. Así lo demuestra el que, además del inmediato lógico debate de las distintas fuerzas políticas, haya también suscitado esté suscitando– declaraciones y tomas de postura de asociaciones y colectivos. Y es lógico que así sea por la importancia que desde luego alcanza, y bendito sea que por una vez nos hayamos dado cuenta de ello. Por eso, aparte de que el tema siga, como va a seguir, en la confrontación partidaria de las fuerzas políticas, también debería ser objeto del mayor y más abierto y público debate posible más allá de encuentros parciales o de que, por ejemplo, vaya a centrar –y está bien que así sea pero no debe bastar– la ya convocada reunión del Consejo Social de la ciudad, por más que, como se nos ha recordado, sea teóricamente “el máximo órgano de participación de la ciudad”. Bueno sería por ejemplo que, aparte de los integrantes de ese Consejo, el total de la ciudadanía pudiera tener acceso lo más directo posible a los planes concretos que a lo que parece allí se van a presentar.  ¿Qué tal, por ejemplo, su exposición en una muestra pública acompañada de unas jornadas donde los pros y los contras de la propuesta, dada la importancia de sus implicaciones tanto para la realidad comunicacional de la provincia como por las paralelas en el propio urbanismo de nuestra capital, podrían debatirse de la manera más amplia posible?. Porque si hay asuntos que merecen eso, un debate general, serio, profundo y al mayor alcance posible de la ciudadanía, éste desde luego se lleva la palma.

Artículo publicado en Las Noticias de Cuenca, edición impresa del viernes 21 de enero de 2022, y en la edición digital 


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