Me rindo


Siempre he mantenido – y ahí sigo – que el tópico de que una imagen vale más que mil palabras no es sino una falacia de tomo y lomo si de lo que hablamos es de transmitir las cosas cual son o, al menos, seamos prudentes, nos parece que son. Y si no lo creen, lleven a cabo un pequeño experimento: échenle el ojo a cualquier instantánea periodística – de la pura realidad real, ¿no? –, cámbienle el pie de foto por otro que diga lo contrario y… y ya me dirán. Bien; pues pese a cuanto acabo de afirmar, no tengo más remedio que reconocer que cuando la imagen nace de la inteligencia de gentes como Andrés Rábago – hoy El Roto, ayer, Ops, - la cosa cambia y se me vienen abajo todos los palos de ese mi tan rotundamente asertivo sombrajo. Porque ante dibujos – ya lo ven, cuatro trazos de nada – que, con el apoyo de no más de un par de palabras o incluso huérfanos totales de vocablo alguno, nos resultan al tiempo que irrebatibles y certeros, tan plenos de información y sugerencias como el más sesudo editorial o la más aguda columna – ahí, en efecto, me duele – ya me dirán si no se nos menean, pero que de todas, todas, a quienes en estos fregados un tanto narcisistas del miren lo que digo andamos, los mismísimos cimientos de la autoestima. Así que nada; que aún manteniendo lo en un principio dicho, no me cabe tampoco otra que, ante gente tan genial cual don Andrés y algunos otros de sus colegas, rendirme sin condiciones y aceptar que hay veces que sí, que - qué caramba - la frasecilla acierta de pleno.
Publicado en Columna Cinco Grupo El Día el martes 1 de diciembre de 2009. Dibujo de El Roto.

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