¡Viva Kafka!



En tanto doña Naturaleza sigue mostrando cuando y como le da la gana – ayer un terremoto en Haití o en China, hoy un volcán en Islandia - lo fatuo de nuestro fanfarroneo de especie “todo lo puede”, y el abrileño llueve que te llueve cumple con el refranero, viene el columnista a enterarse, en su matinal repaso vía internet de la prensa, de que, según una prueba sobre los tejemanejes del conocimiento realizada en las Universidades de California en Santa Bárbara y Británica de Columbia, el leer a Kafka – al menos, que es el caso, su novela “Un médico rural” - pues, mire usted, mejora los mecanismos que regulan el aprendizaje. Sorprendidillo, se mete de lleno en la noticia y así se entera de cómo, en un test para evaluar sus habilidades para el conocimiento a sendos grupos de lectores de la narración – unos de la original tal cual, los otros de una versión expurgada de sus intríngulis (según los investigadores) surrealistas – los primeros se llevaron la palma, de lo que los investigadores dedujeron que el desasosiego que el texto les provocara, les habría motivado para buscar nuevos patrones con los que echarle el diente, mejorando con ello su quehacer cognitivo; vamos, que ante una dificultad mayor, se buscaron las artimañas, un algo las encontraron y con ellas se quedaron. Y aunque el columnista no deja de preguntarse si para tal viaje se necesitaban tales alforjas, la verdad es que le parece de perlas, dado lo que le gustó siempre el de Praga, que haya aún otro motivo para disfrutar de cuanto escribió. Y amén.
Publicado en Columna Cinco del Grupo El Día el martes 20 de abril de 2010. Foto tomada de Internet

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