Aquellos héroes de papel y sueños


Comprábamos sus cuadernillos con la soldada del domingo, los leíamos y releíamos hasta la saciedad y finalmente, mal que nos pesara, terminábamos intercambiándolos - ah, la tentación de nuevas historias! - mediante unos pocos céntimos, por otros ya mil veces manoseados en el mismo quiosquillo donde adquiríamos, si de aquélla nos había sobrado algo, el regaliz, el paloluz, el sobrecillo de cromos, o aquellas miniaturillas de coches de mal plástico que de pronto se habían puesto de moda. Sus apasionantes aventuras eran nuestra puerta abierta a la imaginación y la fantasía y sus protagonistas los mejores compañeros de nuestros ratos de asueto - ¿has hecho ya los deberes? – y de los mágicos instantes, ya en la cama, prólogo del sueño. Con ellos – Roberto Alcázar y Pedrín, Diego Valor, Mendoza Colt, el Guerrero del Antifaz o los protas de Hazañas Bélicas y Las aventuras del FBI y, desde luego, El Hombre Enmascarado y Flash Gordon (y Dale, claro, que vaya como estaba) a quien ya conocíamos de las viñetas de periódico con el esperpéntico apelativo, qué tiempos, ¿no?, de Roldán el Temerario – luchábamos contra los malos, defendíamos a la Tierra de las más tremendas asechanzas o rescatábamos doncellas en apuros, vicarios quijotillos de papel, tinta y fantasía. ¿Que a qué viene todo esto? Tan sólo, fíjense, a haber sabido de la inauguración en Salamanca de una exposición sobre “Los tebeos de la posguerra”. Y es que a estas edades que uno tiene, ya se le vuelve la boca infancia por menos de nada.
Publicado en Columna Cinco, Grupo El Día, el martes 14 de diciembre de 2010

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